El cultivo de la vid y la elaboración del vino han marcado profundamente la historia y el día a día de Bargota. Sus raíces se hunden en época romana, cuando comenzó esta tradición que se intensificaría en la Edad Media, dando forma a una cultura vitivinícola que ha llegado hasta nuestros días.
El espíritu innovador de los bargotanos puede sentirse aún en el antiguo regadío de Arbanta, una impresionante obra de ingeniería hidráulica levantada entre los siglos XVI y XVII. A pie de sierra se recogía el agua de lluvia y nieve, que era conducida a lo largo de 14 kilómetros serpenteando por laderas y collados, hasta llegar a las sedientas viñas de las terrazas del Ebro. Hoy, aunque cayó en desuso a mediados del siglo XX, aún se conserva un aljibe de forma ovoide, cubierto con una bella falsa cúpula construida por aproximación de hileras.
Hasta el siglo XX, quienes cultivaban la uva solían tener su propia bodega, ubicada bajo la vivienda familiar o en distintos rincones del pueblo. En la actualidad, Bargota conserva 54 bodegas, algunas restauradas, otras dormidas bajo el paso del tiempo, y todas ellas agrupadas en el barrio que se extiende a los pies de la iglesia parroquial.
La elaboración del vino seguía un proceso tan laborioso como fascinante. La uva se llevaba al lagar, situado generalmente encima de la bodega, y se vertía a través de las antiguas compuertas de madera. Desde allí pasaba al pisador, donde comenzaba su transformación en mosto —mezclado con hollejo y piel— que descendía hasta depósitos y cubas. La campaña de elaboración se desarrollaba entre septiembre y finales de noviembre, según la variedad y la maduración del fruto.
Ya a comienzos del siglo XIX, Bargota destacaba por su notable producción y comercialización del vino. Su carácter emprendedor se manifestó también en su presencia internacional: a finales de ese siglo, un productor local participó en la Exposición Filomática de Burdeos, y está documentada la exportación de vinos bargotanos hasta Nueva York. Familias como Aranzadi, Ganuza y Díez de Cerco fueron pioneras en esta senda de modernización y prestigio.
El siglo XX trajo consigo grandes cambios. Con la creación de la Denominación de Origen Calificada Rioja, de la que Bargota forma parte, llegó un nuevo impulso a la viticultura. La mecanización y las nuevas necesidades de producción llevaron al abandono progresivo de las bodegas tradicionales situadas en las casas solariegas.
Hoy, en el barrio de las bodegas, es posible visitar de forma virtual siete de ellas gracias a códigos QR que permiten recorrerlas en imágenes inmersivas de 360°.
Entre las mejor conservadas destacan la Bodega del Diezmo y la Bodega Ganuza, auténticas joyas del patrimonio local. Todo este conjunto forma el corazón histórico del pueblo, presidido por la iglesia de Santa María y el Ayuntamiento, y rodeado de magníficos ejemplos de arquitectura popular y culta.
La iglesia parroquial que contemplamos hoy es la misma en la que, según la tradición, ejerció como capellán Johannes de Bargota, el legendario brujo que habría estudiado en la Universidad de Salamanca y conocido los misterios de la célebre Cueva de Salamanca, donde —dicen— el diablo impartía lecciones prohibidas. Muy cerca de la iglesia, en la calle Juan Lobo, se señala la que habría sido su casa, donde vivía con su ama. No es difícil imaginar a Johannes recorriendo una y otra vez este barrio de bodegas, quizá deteniéndose a degustar el excelente vino de Bargota antes de oficiar sus misas… o antes de iniciar alguno de sus misteriosos viajes.















