La bodega está construida con una estructura de mampostería y arcos de medio punto, un ingenioso sistema que permite distribuir el peso hacia los lados y dotar al edificio de gran estabilidad, capaz de resistir el paso del tiempo.

En su interior llaman la atención los depósitos de cemento, antiguos guardianes del vino mientras éste fermentaba y adquiría su carácter único. Los pequeños respiraderos que se abren en los muros cumplían una función vital: regular la temperatura y ventilar el espacio, evitando la acumulación de los gases producidos durante la fermentación de la uva.

Si levantamos la vista al techo, encontraremos los orificios conocidos como “pezoneras”, por los que descendía el mosto tras ser depositado y pisado en el lagar situado directamente encima. Cada elemento de esta bodega refleja la sabiduría práctica y el ingenio de los antiguos viticultores de Bargota, que supieron combinar funcionalidad, resistencia y un toque de magia en cada rincón.